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Los tiempos de desplazamiento

Este anexo estudia los medios y las duraciones de desplazamiento en el siglo I. En la época de Jesús, se viajaba principalmente a pie, en caravana o en barco. El viaje de María y José de Nazaret a Belén (142 km) habría durado unos siete u ocho días, debido al embarazo de María y a la observancia del sábado. Un remolque tirado por un burro habría reducido el cansancio sin disminuir de manera significativa la duración del trayecto.

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Introducción

Hoy, gracias a los avances tecnológicos, viajar a los confines de nuestro mundo se ha vuelto relativamente fácil, y las limitaciones se reducen principalmente a consideraciones económicas. ¡Algunos dirigentes de grandes empresas incluso contemplan viajes a Marte!

El hombre ha adquirido así la capacidad de desplazarse a cualquier lugar de la Tierra, en el espacio y bajo los océanos. Esta facilidad de desplazamiento, que hoy consideramos normal, contrastaba fuertemente con la situación en tiempos de Jesús.

En este breve estudio analizaremos los medios de desplazamiento y sus duraciones en tiempos del Mesías Jesús.

I. Los medios de desplazamiento en el siglo I

En la época del Mesías Jesús, la gente se desplazaba principalmente a pie. Esta limitación en los medios de desplazamiento favorecía la sedentarización de la población. En general, las personas nacían, crecían, se casaban, trabajaban y morían en la misma aldea o en la misma región.

Para los trayectos largos se utilizaban camellos o dromedarios. Las caravanas recorrían regularmente la región para transportar víveres. También se usaban carros de todo tipo, tirados por burros o bueyes, para el transporte de mercancías.

Los barcos también desempeñaban un papel crucial en los intercambios económicos y en el transporte de personas. El apóstol Pablo, por ejemplo, menciona sus viajes por mar en Hechos 16.11. Estas naves transportaban diversas cargas y también embarcaban pasajeros, como detalla el relato del naufragio de Pablo en Hechos 27.21-44.

Es fácil comprender que la duración de estos viajes era considerablemente mayor que según nuestros criterios actuales.

II. Los tiempos de desplazamiento

Tenemos indicaciones precisas sobre la duración de los viajes antiguos, como lo muestra el ejemplo de Esdras, que recorrió los 1100 km que separaban Babilonia de Jerusalén. Según Esdras 7.8-9, su viaje duró cuatro meses, en el año 458 a. C. Cabe señalar que los avances técnicos en materia de transporte no evolucionaron de manera significativa durante los cinco siglos que separan este acontecimiento de la época del Mesías Jesús.

Los viajes en aquella época eran poco frecuentes y tenían objetivos específicos, como las fiestas religiosas en el templo de Jerusalén o, en el caso de José y María, un censo en su ciudad de origen. El turismo, tal como lo conocemos hoy, no existía, aunque los judíos aprovechaban las fiestas en Jerusalén para admirar las construcciones de Herodes el Grande, como el templo, descrito en Marcos 13.1.

Los Evangelios relatan varios desplazamientos de Jesús desde Galilea a Jerusalén, especialmente para las fiestas de la Pascua. El camino más directo de Nazaret a Belén pasaba por Samaria, pero los judíos generalmente evitaban esta ruta por razones históricas y preferían un itinerario más largo que seguía las orillas del Jordán.

Por otra parte, los no dudaban en agredir a los judíos que atravesaban su territorio en las distintas peregrinaciones al Templo de Jerusalén.

Para el viaje de María y José, se calcula que recorrieron unos 142 km por el camino que bordea el Jordán. Tomando como base la velocidad de marcha de las legiones romanas, que variaba entre 15 y 25 km por día, este viaje habría durado unos ocho días, teniendo en cuenta el embarazo de María. Es verosímil que hicieran paradas para pasar la noche al raso, debido a sus limitados recursos económicos.

También consideramos el uso de un remolque de madera, construido por José y tirado por un burro, que habría permitido una velocidad de 3 a 6 km/h durante un máximo de 6 horas al día. Sin embargo, esta opción no habría disminuido de manera significativa el tiempo de desplazamiento, debido a la carga que había que arrastrar y a la calidad de los caminos. Aun así, este método habría reducido el cansancio.

La solución más plausible para la pareja, teniendo en cuenta el estado de María, sería el uso de un remolque tirado por un burro, con un viaje de siete días, ya que los desplazamientos estaban prohibidos el .

En condiciones normales, esta distancia podría recorrerse en cinco días, con etapas bien definidas, como muestra el episodio de la visita de María a Isabel.

Conclusión

Al leer los Evangelios, a veces resulta difícil apreciar los desafíos que suponían los desplazamientos en la época del Mesías Jesús. En efecto, los autores de los Evangelios se centran más en las enseñanzas y los acontecimientos, y dejan poco espacio a los detalles de los viajes mencionados.

Así, encontramos expresiones concisas como «fue a casa de su parienta», «subieron al templo para la fiesta de los judíos» o también «el Espíritu Santo lo condujo al desierto». Detrás de estas palabras, es importante visualizar los días de camino, las noches pasadas al raso o bajo tiendas, y las diversas dificultades propias de estos largos viajes.

Por ejemplo, Galilea, donde Jesús ejerció la mayor parte de su ministerio, se hallaba a unos cinco días de camino del Templo de Jerusalén. Además, la observancia del imponía una restricción de desplazamiento que no superaba 1 km.

Aunque la población de la época estaba acostumbrada a caminar, es esencial reconocer las dificultades de estos desplazamientos, sin olvidar los riesgos que suponían los bandoleros, que a menudo actuaban de noche y obligaban a los viajeros a llegar a su destino antes de la puesta del sol.

Esta realidad contribuía a la sedentarización de la población. Sin embargo, al observar los numerosos desplazamientos realizados por Jesús, es evidente que poseía una excelente condición física, lo que demuestra su capacidad para superar estos desafíos.