El libro de Daniel no puede explicarse mediante una única división.
La división tradicional entre relatos y visiones es real, pero no da cuenta de la distribución lingüística.
La división entre hebreo y arameo es importante, pero tampoco basta para explicar la progresión profética.
La estructura concéntrica de Daniel 2-7 es particularmente nítida, pero no debe extenderse artificialmente a los doce capítulos.
Hay, pues, que distinguir varios niveles:
la estructura narrativa y profética;
la estructura lingüística;
la estructura concéntrica de Daniel 2-7;
la cronología histórica;
la progresión de las revelaciones;
el movimiento teológico general del libro.
Estos niveles se complementan.